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LA PRIMAVERA DE MI LEJANO YO

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Desperté un martes imaginando que era sábado, probablemente porque quería ir a Tocuchare, esa playa casi secreta, transparente a la orilla de las olas de tu esperanza, o al hipódromo de San Isidro para ver correr a los equinos o gritar un poco a la intemperie de la rutina, una brecha abismal entre el deseo y la realidad espacial, pero era martes y no estaba cerca de ningún lugar. Ay José Antonio! Cómo quisiera sentarme bajo un yaque, a la orilla negra del mar de tu costa verde y cobriza que huele a desierto y selva, nuestra Nueva Andalucía con el fantasma de su nombre entre guaraníes y cumanagotos, de Mariño y Bermúdez, del Gran Mariscal y el Manzanares del Caribe, Mochima aguanta y contine a sus hijos sobre balsas entre aguas profundas que retratan el reencuentro. Adentro la llevo roble y bucare anauco de noviembre, sal, camarones y plátanos maduros, afuera se me viste de jacarandá, rodocrosita, mate y carbón encendido que te invitan a la eterna primavera. Desde que empezó la primave...

Así comenzó a escribirse, otra vez

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Doña Anodina, twittea a Eróstrato Había perdido el apetito por algunas vulgaridades mundanas, o el lívido por vivir, veía el noticiero sin que nada la abrumara, veía sus fotos y no comparaba su fisonomía, que había cambiado significativamente en kilos y gestos. Dejó de leer sus fragmentos favoritos, la poesía del mundo; ese gusto por las piezas se convirtió en una porción maciza y sin dirección, se diría que todo lo sólido se desvanecía. Los días del calendario resbalaban mientras le negaban su grandeza,   estaba resignada a fracasar con todos los gramos de su alma empobrecida. Repulsiva por las armas de fuego y los animales domésticos, intolerante a la guerra como a la lactosa, devota de Madame Bovary, sentada en el inodoro una noche bautizó a Flaubert como profeta psicoanalítico desde su personaje codicioso y autodestructivo, tal y como la sociedad nos empujara a comportarnos entre el consumismo y los partidos políticos, la Iglesia y los medios de comunicación. Una noche, sin con...