LA PRIMAVERA DE MI LEJANO YO
Desperté un martes imaginando que era sábado, probablemente porque quería ir a Tocuchare, esa playa casi secreta, transparente a la orilla de las olas de tu esperanza, o al hipódromo de San Isidro para ver correr a los equinos o gritar un poco a la intemperie de la rutina, una brecha abismal entre el deseo y la realidad espacial, pero era martes y no estaba cerca de ningún lugar. Ay José Antonio! Cómo quisiera sentarme bajo un yaque, a la orilla negra del mar de tu costa verde y cobriza que huele a desierto y selva, nuestra Nueva Andalucía con el fantasma de su nombre entre guaraníes y cumanagotos, de Mariño y Bermúdez, del Gran Mariscal y el Manzanares del Caribe, Mochima aguanta y contine a sus hijos sobre balsas entre aguas profundas que retratan el reencuentro. Adentro la llevo roble y bucare anauco de noviembre, sal, camarones y plátanos maduros, afuera se me viste de jacarandá, rodocrosita, mate y carbón encendido que te invitan a la eterna primavera. Desde que empezó la primave...