Las implicaciones de la partida de Fidel
o el destino de nuestra forma de vida, ficcionando las consecuencias por la ausencia del último Comandante en el Mundo.
(la versión final puede variar cuando sea publicada en el RECÓNDITO INDISCRETO)
ANDASONIA
“La historia me absolverá” la inminencia de unas palabras pronunciadas por un personaje longevo que defendía una isla, pereció nonagenario, el desconcierto los embargó dentro y fuera de la isla, ellos mismos no podían absolverlo, y tuvo razón. Su hermano pactaría con los masones y el Nuevo Orden del Mundo, en la Era de Bamus y se quebró el tratado de paz con el Universo. Y así fue que el presidente negro pisó La Isla y se abrió Pandora.
Eran tantos y poblaban casi todo el espacio que se dispuso para sus vidas más allá de un arrecife, era un planeta de cinco continentes, la invención; pero sus ocupantes tan vulnerables; seres que podían destruirse entre sí, a sí mismos; lograban razonar sus actos y proyectar consecuencias, y aun así sucumbían; vivían buscando algo llamado la “verdad”. Mi teoría de su fatalidad tuvo orígenes en su “religiosidad”, cada cultura defendiendo su verdad, sin importar los recursos, la fragilidad de sus almas residía en un libro, una palabra que los convocara y de ahí en más sus acciones, su propia destrucción, su fe.
Sobreviviendo a una rutina, creyendo en algo llamado dioses, ángeles o demonios, un Dios, una idea de sí mismos -¡oh! cuánta energía desperdiciada-; organizados en formas “sociales” y “políticas” o religiosas, que alguno denominó “las culturas del libro”, les llevó miles de años encontrar formas de convivencia sin hallar el sentido de colectivo e individualidad en miles de narraciones, poemas, historias, libros. No sabían que eran un recuerdo de sí mismos menos evolucionados en otro plano. La energía.
Debían hacer una ceremonia para vociferar votos o promesas (lo llamaban matrimonio, juicios, congresos, antiguas ágoras), un compromiso para cuidarse entre ellos, con suerte pocos compromisos de esos fueron ciertos y perdurables. El divorcio, por ejemplo, su antítesis, otra invención destructiva y divisoria –qué desperdicio, insisto-. Incomprensibles de admirar ante su lucha de poder más absoluto, la decisión o libre albedrío. Con tendencia a la “conquista y colonización”, implacables para llevarlo a cabo.
Le temían a las plagas y ellos el mayor virus temible entre todas las galaxias, aun así temiéndoles debíamos admirarles, rebuscarnos en nuestras diferencias. El ser humano siempre quiso ser eterno, longevo, en búsqueda de su Santo Grial ¿para qué? Si con una vida prolongada en varios siglos no les bastó para hurgar en la preciosa mortalidad. La inmortalidad es una carga muy pesada que hasta para los llamados dioses fue y es monumental ¿Se habrán preguntado por qué sus Maravillas y las Ciudades Perdidas los superaban en tamaño?
La Historia lo absolvió, al nonagenario dictador, desde su poderío fantasmal. Se murió de dolor, el hermano había regalado el hito histórico más grande de todos, la resistencia de una revolución, que deja de serlo cuando se prolonga en sí misma y lucha contra su reflejo, lo que adversaba. No se conformó la Historia con la muerte de otro dictador –que en vida habría sido encarcelado y muerto naturalmente en su celda- y otros monstruos devastadores. Pero la Historia los absolvió, mas no a la especie, no a la humanidad, a esa raza extraviada en sus preguntas y respuestas infinitas, un cataclismo los exterminó casi por completo, de nada les servían los conceptos y todos los soportes organizados en máquinas y manuscritos, tecnologías que utilizaban para comunicarse, ya tan siquiera les era necesaria o suficiente el agua o el oxígeno, o algo de comida. La traición de sus métodos, las dictaduras, Fidel traicionando al Che, Bolívar a Sucre y Miranda (perdón, esto es especulativo), y así un montón de amigos que usaron sus instrumentos y estrategias humanizadas para traición a la estirpe y a las naciones.
Las naciones latinoamericanas por ejemplo eran la juventud de la raza, la última guiada por los gigantes humanos ancestrales. Las formas de organización social y política habrían fracasado en todos los contextos: la democracia por ejemplo, había sido una madrastra prostituta que malcrió a las patrias libres en el decimonónico tiempo de los Libertadores y los caudillos, la corrupción de sus formas de poder se prostituyeron, libertinaje a mansalva de sus posesiones y manipulación de las arca y los bienes ¿Para qué tanta lucha de clases y leyes? Todos los elementos fueron inútiles para evitar esta evolución o trascendencia, puedo decir, las dictaduras fueron su máxima expresión. Sus únicas perfecciones, la música, el amor y el proceso de reproducción. Su perdición durante su existencia serían la adrenalina, el dinero, los roles, el pesimismo y la idea del bien y el mal. Latinoamérica me inspira, siempre busco en ella, la puerta de piedra empezó en Las Antillas, así que merece mi atención.
Aquellos defendían una verdad con la que todos no podrían lidiar, al Norte de un territorio llamado América, allá hurgaban y actuaban como dueños de la verdad y el mundo –de la vida misma-; en el otro Norte en una silenciosa rivalidad con una extinta unión conocida soviética, otro norte inteligente, sabio y en el silencio, un mito que encerraba casi todas las respuestas a su orfandad genética, lo que llamaban eslabón perdido de la Historia, la Atlántida. Dos Nortes perdidos, estallando las estrellas, abriendo Cielo y Tierra develarían los secretos que se ocultaban. El longevo de la isla resguardaba la pieza, la pista, la Historia, la misma que lo absolvería. La Puerta de Piedra donde estaba el Árbol Original, el secreto. Bajo el lugar llamado Cuba Libre, lo fantasmal se hizo verbo. Había varios portales bajo el mar, el más importante estaba ahí.
El Hombre como árbol, la Humanidad como planta que habla, se mueve, se reproduce, sobrevive, que registra. Andasonia, o el árbol de la vida… un longevo árbol que protegía a la Historia y resguardaba los secretos de la existencia en un continente olvidado. Existió otra tesorera de los giros de La Tierra, narradora silenciosa bajo el mar (no al azar en una isla, la isla de Formentera), una planta con una hoja cada dos mil años, la pretensión del Hombre, tener dos vidas y ser eterno, dominar el mundo. Buscaron el eslabón perdido por tanto tiempo, denominaban maravillas a las grandes edificaciones que encontraron vacías ¿qué nadie se dio cuenta que los ancestros eran gigantes y ellos eran el eslabón perdido de esa evolución irresponsable?
Así el Hombre se asume como Atlante, un mito, una leyenda, cuentan las columnas del oricalco de aquella ciudad misteriosa que viviría de sus principales leyes, aquellas disponían que los distintos reyes debían ayudarse mutuamente, no atacarse unos a otros y tomar las decisiones concernientes a la guerra, y otras actividades comunes, por consenso y bajo la dirección de la estirpe de Atlas, pero no fue así, sucumbieron como más tarde lo harían todas la culturas.
Fue así cuando la naturaleza divina de los reyes descendientes de Poseidón se vio disminuida, la soberbia y las ansias de dominación se volvieron características de los atlantes, abandonaron la Isla para conquistar más territorios y Zeus los disminuyó “en un día y una noche terribles” gracias a sus incongruencias. El árbol más estúpido sobre la Tierra es aquel que pretende moverse para arruinar todo el bosque, todo su ecosistema, condenando sus semillas a la desaparición.
Memorias de la segunda oportunidad de Fam, la creación de Nzame, quien crearía al mortal Sekume, luego a la mujer Mbongwe. No crean que al decir hombre, olvidé al sexo femenino, ellas también tienen su grado de importancia sin disparidad, así fascinantes leyendas que van de árboles, ojos y venganzas de inmortales y herederos de la Tierra, recuerdo que Fam se ocultó bajo la tierra y el agua y habiéndoles desobedecido aquéllos el inmortal los castiga en terremotos y tsunamis, devorándoles.
Los guardianes, conocedores, estudiosos y curiosos, reconocían las doce razas en el Universo, así nos llamaban, razas o extraterrestres, quizá más amables aún, alienígenas ancestrales: así nos incluíamos reconociendo nuestras diferencias, pero ellos no supieron coexistir, les dejamos piezas y les visitamos, de hecho algunos vivieron entre ellos, y aun así se extinguieron, qué testarudez tan admirable.
En un Universo tan basto, para ellos una obsesión y con una respuesta evidente, exageraron uno de los rastros bajo el mar, tan sencillo, apenas entre una isla cañaveral de herederos esclavos negros, liberados, la Cuba Libre. Por cierto, la “discriminación”, racismo como le llamaban, –oh, tan fóbicos seres-, hablar de los negros, gente de color –irónicamente la ausencia es el negro-, cuando eran quienes más tenían matiz en los giros de su historia, la más cercana a la bio-adaptabilidad, vienen de los tipo 4 (de piel resistente, longeva, atractiva, brilla con la luz, dotados con la voz, humanos privilegiados y casi invulnerables). No así eran los arios como algún Reich (éstos por su ansiedad de poder se caracterizan y asemejan a los tipo 2 o grises B), aún más lo asiáticos que preservaban rasgos oculares similares a mis formas –me calificaron dentro del tipo 3B- a ellos debo mi nombre, que elegí en el nacimiento de mi estrella porque no usábamos nombres “Eumelo Volksgeist”, mi segundo nombre fue casi osadamente, me pareció una mención honorífica.
El resto dominado, aludiendo a la clasificación en la que nos estudiaban, o simplemente ajeno o ignorante de este discurso son los 3A o grises tipo C, dominados por la hostilidad, de ellos proviene la tendencia a la destrucción. El humano creía ser amenazado por las razas o foráneas al planeta, su propia Historia o el Universo porque no comprendían la “verdad en coexistir para trascender”. No tenía sentido quererlos invadir, comérnoslos, agotar recursos no renovables y huir, sólo ellos actuaban así y juzgaban por su proceder, qué torpeza atroz. El Hombre, uno de cada tantos que se cree una civilización.
Los ángeles éramos nosotros, los dioses fuimos nosotros, nosotros que ahora somos lo que ellos eran, almas espectro-materiales, tratando de continuar Planetas. Los constructores de los grandes misterios, mitos y leyendas, cada icono y cada escritura la compusimos nosotros llevándoles la manito como al niño que aprende a imitar, somos ellos, los que intervinieron interpretaciones, la división que los hizo reinar, siempre se necesitarían más cuerpos para aniquilar en masa, de las almas nos ocupábamos nosotros y recomponer el orden que pretendían. Inútiles y pusilánimes líderes sin compasión por sus iguales. Afortunadamente en una de las visitas alguno de nosotros me reservó una semilla de Andasonia.
Vienen a mí como imágenes o lo que solían llamar "flashes" de sus vivencias, de muchos de ellos, como coleccionar retinas y cerebros. Ellos tenían dispositivos como cámaras, fotografías, televisores, telefonía celular, drones, computadores, satélites, antenas, ondas electromagnéticas, Internet y su momento digital, maquinarias y más, la Big Data. Eran tecnologías precarias de las que se vanagloriaban o dependían de ellas, teniéndoles por dioses, adorando otras fuerzas que a la propia, sus almas perdidas por: las armas, el dinero –un elemento de dependencia que los destruyó aún más-, olvidados “pecados capitales” normas mismas intrínsecas y consabidas, olvidaron el amor, la meditación, atrayendo como imanes, estar ocupados en todo y nada, algo llamado miedo, fobias, aislamiento, o la peor de las fuerzas, el odio.
Algunos esquizoides, propio de los ignaros y no de las aberraciones propiamente, superaron las barreras, siempre estuvieron más cercanos a la trascendencia, no así los criminales, los destructivos, los sumisos o los rebeldes. A los privilegiados, los representábamos nosotros, los apadrinábamos, los de coeficiente intelectual elevado se manifestaron en diversas temáticas, jamás pudieron evidenciar con exactitud nuestras diferencias, por poder y miedo, tal vez odio a esos los aniquilaban misteriosamente, éramos mundos lejanos, imprecisos, de ciencia ficción.
Tantas filosofías, tantas –logías e ideas, parámetros del conocimiento deformados, tan diversos como inconstantes, no todos los individuos nacidos en la raza humana se adaptaron al propósito, en sus orígenes los griegos desechaban a las crías defectuosas ¿Dónde quedaron los arboles? Andasonia, pensé en África y Asia olvidadas, aisladas, cada nación en su pequeña gran isla como Japón.
Distíngase que la desaparición consistió en su autofelación de dioses. Barbárico como mi enunciación. Las atrocidades del Oriente Medio tenían ortodoxas convergencias que escapaban del conocimiento público, no era sólo por recursos la carrera de supervivencia, ni el poder mismo, era el mito, la sacralización de un stargate, una puerta a lo desconocido. Se especulaba que los artefactos para ingresar a las dimensiones del universo yacían en las tierras que bautizaron sagradas. Bajo la consigna de un Dios Supremo, castigador, se inmolaban por un territorio en la consigna de una protección a un nombre, un dogma, una fe desfigurada que era antipática al resto de la Humanidad. Tan criticados los musulmanes suicidas y genocidas, como a los judíos abyectos por venganza de un pasado en holocausto consecuencia de su afán de acumulación de tesoros mundanos que no se llevarían a ninguna parte ¿en qué consistían estas formas de convivencia de la razón sin la razón de convivir en Paz? Divergencias, diatribas, anagnórisis de un final nada feliz. La discrepancia y el ruido innato que siempre genera la vida en medio del silencio.
Más avanzada la línea del tiempo eran raptados como alimento de los grises o reptilianos, por cuestión de supervivencia en el mismo hábitat, es evolución, su evolución y aptitud. La trascendencia inicia en el razonamiento, luego en no razonar el alma sin que ello sea pasión o exacerbación, es un Nirvana, la anagnórisis o propósito de enmienda y la Gloria prometida, el rostro de aquel Dios, reciclar el alma y la energía. Yo soy producto consciente de un grupo que alcanzó este estado y propósito durante el cataclismo. Pobres criaturas no sabrían que ellos somos nosotros mismos en una trascendencia de tiempo y espacio, del cuerpo, ellos eran un recuerdo de nuestro proceder arcaico para lo cual aprendimos.
Utilizo términos conocidos para que me sigan en realidad de este relato, para qué voy a inventar términos o historietas. Por eso ubico a voluntad la información que necesito, puedo ver, reproducir audio e imagen de los registros cerebrales de aquellos humanos, puedo evocar y reproducir sinestesia como enamorarse, gastronomía, ir al baño, parir, golpearse, estornudar, pero no llorar. Qué inexplicable emoción, para mí una similar bendición o alegría, cuánta fortuna en el llanto, ruido, silencio, ahogo y así.
Es una pieza de diseño monumental en estos sujetos, llorar a voluntad o involuntariamente, ante un estímulo o en ausencia de él, el más inesperado gesto como inesperadas sus reacciones, el Hombre lloraba inclusive cuando estaba feliz, así como lloran los árboles en la inmensidad de un bosque o una selva o el desierto, y cabe destacar que la gente, el hombre, producía el mejor arte en estado depresivo, de ausencia o soledad procurado en el llanto, extraordinario, admiro eso del humano, es lo único que no puedo reproducir a voluntad, debe ser esa mi clave.
Yo, una forma de vida, ya no humano, no humanoide, una existencia, una chispa de energía, una raza, no clasificado, sin letra ni número, estoy en algo que puedo referenciar como un laboratorio, buscando en algo que han dejado en mí, llamado “recuerdos”, busco arbitrariamente como cambiar de canales en la TV o dispositivos a control, como en youtube un video a voluntad, como en la gramola se elegía el disco. Ahora nuestra molécula que alberga las ideas y pensamientos, el raciocinio, es un espacio infinito de información a lo que para ellos la bigdata, como en sus dispositivos como Internet, yo los reproduzco aleatoriamente o con alevosía, pero no puedo llorar.
Ellos se diversificaban en especializaciones, ubicaban un caso para explicar un todo, una ínfima pregunta con variables y estadísticas para demostrar cosas absolutas y un macro, nada de ello sería de utilidad para salvarlos o evitar su intrascendencia, su imbricación, no es un presentimiento denostado de ellos, creyendo falsamente en un “destino” no pudieron hallar la respuesta y al encontrarse con ella, la mortalidad y la trascendencia, ya era demasiado tarde para la gran mayoría.
Y por ello me encuentro cual alquimista haciendo uso de mi albedrío para traerlos de vuelta, son necesarios, necesitamos recordarnos, espejos, mascaradas, reproducciones de la vida. Las razas necesitamos llorar, ésta es mi conclusión, para comprender el Todo. Las pistas estaban allí, entre ellos, estuvimos entre ellos desde siempre, en los árboles, en los mandalas de la naturaleza, en su registro genético. Aquello que creían reencarnación o resurrección no era otra cosa que ellos mismos a la luz de sus migajas. No somos foráneos de la Tierra, somos en otro plano, en años luz, en la transformación de ellos mismos, lo que fueron. E intenté llorar sobre la semilla y volverían a florecer sin mal.
Veamos, así tuvieron profetas, esos seres que viajaban en visiones hacia el futuro, esos ejemplares que a través de sus específicos oficios tuvieron un momento de sabiduría “fantasmas vivos” o demonios según prefieran, de inquietud por el futuro, fue así que la temida profecía de un cometa, de la que no tuvimos control, de la que ya tenían sospechas, les superaba en verdad y consecuencia, la naturaleza del Universo se encargó de planear:
La Luna oscurecida en profundastinieblas,
Su hermano (el Sol) pasará a estar de
color ferruginoso,
El grande oculto largo tiempo bajo
las tinieblas,
Entibiará hierro en la presa
sanguinolenta.
Nunca hallaron otrora más allá de sus limitaciones craneales, genéticas y eso que ostentaban sin aprovechar sus almas (Nisissim), intuición. Verlos correr y gritar en masa, debería hacerme llorar, fue penoso dejar que el Universo siguiera su curso, fui testigo de cómo escapó Fam de La Tierra y acabó con todo. Les sacudiría sus existencias explicándoles.
Cuando el objeto se acercaba, algunos hombres en vez de llorar y correr se hicieron árboles, al fin se detuvieron a pensar en su ínfima existencia desprotegida, que sólo aquellos 21 gramos de alma llegarían a destino desconocido de haberla cultivado en vida, habiendo cosechado amor o caso contrario, calculo que si tenían conciencia se habrán cuestionado éstas premisas. Así las cosas, amplío el concepto, y por eso nosotros tenemos una cavidad más amplia para pensar, sabemos todos los lenguajes, y nuestros cuerpos son frágiles, adaptables a las densidades del cosmos, casi inanimados, porque no sabemos amar, no existimos para pelear, existimos para resguardar que todo siga vivo, que la energía se mantenga, se propague, se aproveche, se restaure un orden lógico por sí mismo, anárquico si se quiere.
Ellos toda su vida nos temieron, fuimos sus dioses por mucho tiempo y cuando nos desestimaron la Naturaleza, manipulada por ellos mismos, no los perdonó. Hoy rescato del lugar de mi cráneo donde heredé la biblioteca completa de la historia humana en imágenes y algunos de ellos específicamente al azar, cual gran cámara de datos, un archivo matriz, hoy quiero jugar a una especie de dios, pero esta vez, al crearlos dejarlos solos, sin pistas o con menos preguntas, creer en que no volverán a comportarse como los idiotas que fueron.
Sin enfermedades o pobreza, sin conflictos racionales, sólo ellos coexistiendo en el amor, en la música y sustentabilidad del Universo que les rodea ¿Me inventarían, a mí, una vez más en la Naturaleza perfecta, en la Fe y el misterio? Humanos que puedan llorar. El portal físico se situaba bajo la isla, el espiritual en alguna cavidad desocupada en la perfección de sus cuerpos, árboles perfectos.
Las criaturas, monstruos o razas que se albergaban a la sombra de la humanidad como deidades o seres temidos, emergieron de las profundidades y la oscuridad del planeta, no tenía sentido ser perseguidos, asechados o esclavizados, ni siquiera aterrorizados por estos ¿Jamás imaginaron que la hostilidad y el miedo los convertiría en lo que ellos querían ser, víctimas? Creo que no, e intenté llorar sobre la semilla y volverían a florecer sin mal.
Todas las razas o seres, como yo, coexistimos en un Universo sustentable, el Hombre nunca comprendió que la necesidad de la guerra, el dinero o la competencia tecnológica sólo eran juegos de escarnio del que no saldrían jamás, propios de su limitando poder de “ser” ¿por qué jamás se preguntaron si su cuerpo era mortal y finito para qué servía toda la información, luchas personales y el amor en sí mismos o entre ellos? Un desperdicio, reproducirse tanto para cometer el mismo error y padecer las mismas carencias, sufrimientos y desencuentros de sus “yo”. Las razas, un experimento que generó ruidos y malas cosechas.
El alma, la energía más poderosa, lo único incorruptible que debe trabajarse en esta oportunidad. Por eso veo con certeza su fin, se han ido y los recuerdo que heredé de la memoria colectiva, cómo pesa tanto recuerdo, pude absorber en ese instante final la cosa más valiosa de los humanos, los recuerdos y las emociones al evocarlas, pero no puedo llorar. Las razas emergieron y las energías se encontraron liberadas para repoblar o conquistar sin batallas lo que ellos denominaron el espacio, intenté llorar sobre la semilla y volverían a florecer sin mal.
Seres como yo, asexuados, no disponemos de hambre, ansiedades, leyes o paradigmas, tenemos roles dentro de la sustentabilidad del Universo, exploramos, observamos sin objetivo hasta que espontáneamente aprovechamos el resultado, somos pocos, no necesitamos ser tantos por ello no hay competencia, la felicidad es un estado casi pasmoso de quietud y silencio, la perfección, el dominio de la nada, quizá por ello y contemplándoles debían reciclar su motivo de “ser” de su existencia como calificasen en –¿Psicología? ¿Filosofía?-. No pedí permiso a nadie, no tuve que consultar al Corazón del Cielo, somos autónomos, y en este ahora he combinado con la teoría de la fecundación, genética y algo de magia –que no es otra cosa que inteligencia- la nueva estructura humana, un ser que pueda llorar, mantenerse por sus medios, convivir y reproducirse limitadamente de dos en dos, dignos de trabajar para alcanzar dones, virtudes, coexistencia, evolucionar del llanto: así fue que comprendí que el llanto es el lenguaje inicial del ser humano extinto, cuando vienen a la vida es su primera forma de expresión.
Disipándose así mis dudas sobre tan esencial descubrimiento “no puedes ser si no has nacido” la identidad de los seres proviene del llanto, el grito, ese primer sufrimiento de los pulmones encontrándose con el oxígeno, cuando sientes hambre, cuando te falta el útero, cuando no escuchas la voz de la crianza, el dolor del desconocimiento del Universo, lo mismo que al morir de conocer un alma que se va y no tiene sonidos o más recuerdos por construir, el dolor de la pérdida, todos ellos perdieron su inmaculada concepción, la perfección del útero para venir al caos de la ignorancia, el poder y la naturaleza. Cuánto lamento no haber nacido hombre para lograr llorar.
Y lloraría sobre la semilla y volvería a florecer sin mal. Fue así que en una especie de probeta conjugué y conjuré la Historia que los absolvió, sus islas, sus creencias y una semilla de Andasonia para regresarlos a la vida, con menos diatribas, sin luchas de poder, menos imperfectos. Y sintieron la necesidad de nombrarme, ahora mismo están escribiendo un mito de mí, un Popol Vuh nuevo, el único libro desestimado y más sincero sin intervenciones religiosas, organizándose en paz, reitero, sin religiones. Para cerciorarme del proceso yo mismo me he transfigurado entre ellos para vigilar y discutir el proceso. Realmente me pesan los recuerdos, este cráneo es muy pequeño aun cuando alargué los de ellos también, elegí una compañera, tuve una preciosa pareja de hijos, la cantidad que podríamos tener, una longevidad a medida y fuimos muriendo para trascendernos otra vez, fue ese día que comprendí la vida humana. Hallé la compasión. Y lloré sobre la semilla y volvieron a florecer sin mal.
[A Claudio Faber y a las historias de la Galaxia que no conocemos]


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