Una revisión de lo aprendido para hacer y esperar al siglo XXI
La sociología interpreta la educación
Somos en nuestra democracia, un agregado inerte, perjudicial como inútil, cuando en nosotros podría tener principios dichosos la regeneración del país, la patria nueva.
Manuel Díaz Rodríguez
Ídolos Rotos
Leyendo a Wallerstein evocaba lecturas de la literatura venezolana (novelas), que no dudaré en mencionar y que respondían a los casos expuestos, tal y como se distingue en el epígrafe, aunque tengan circunstancias y contextos casi ajenos (considero que la condición es aplicable), también a aquellos estudios literarios realizados a través de la sociología moderna, por ejemplo Marshall Berman con su obra Todo lo sólido se desvanece en el aire (1988). La teoría planteada por nuestro autor perfectamente es instrumento para los estudios literarios cuando expone la revisión del conocimiento de la historia, la lingüística y el individuo como bisagras del episteme por venir, y aunque parezca, no es ajeno a la situación escolar. Mientras un niño en edad escolar, podría especularse que resida en el caos y se vea afectado por el entorno social irá en detrimento de su comportamiento, razonamiento y competencia como ciudadano tal y como se reflejaban los personajes de la novela moderna.
A partir de la teoría de la racionalidad Wallerstein citará a Weber, autor que luego será considerado al unísono por los autores seleccionados en lecturas menores para analizar la segunda parte del texto Conocer el mundo. Algunos nos identificaremos con la situación intelectual de “las clases peligrosas”, significaremos para el sistema capitalista al excluido ¿Pero hasta qué punto somos excluidos? Yo lo pienso desde el otro, replantearnos en la exclusión y contemplar la posibilidad de cambios, nuevamente evoco las herramientas dadas en la literatura como expresión y retrato de la continuidad del tiempo y los sistemas, esto es lenguaje, orgánico, reproducible y característico del conocimiento. La literatura es instrumento de la educación, es saludable, un ejercicio racional y reflejo de la apertura al colectivo hacia sus epistemologías.
Estoy de acuerdo en que lo primero que debe cambiar debe ser la visión y la homologación de necesidades, Latinoamérica hoy más que siempre debe reconocerse y buscarse en la implementación de herramientas educativas a salvo del adoctrinamiento y la multiplicidad de lecturas filosóficas y científicas. La sociología como la literatura son exploraciones para un mejor porvenir, en diferentes escalas y búsquedas, pero se comunican. Siendo optimista, además, pretendo conectar las ideas del autor estudiado con otras posturas sugeridas, a saber, las de: Pierre Ansart, Denys Cuche y Guillermina Tiramonti. Para todos ellos el lenguaje es una categoría de estudio que anticipa los cambios, unos en detrimento a medida que los lenguajes y códigos avanzan y evolucionan, otros con mayores expectativas.
Y me preguntaba en líneas generales ¿Qué nos conduce al cambio mientras tanto, qué hacer para una mejor educación en medio de una transición? La escuela como imaginario o en teoría, impartiría clases a diario, a diario se debería aprende a cualquier edad sin distingo social, la escuela es un espacio ideal y material más allá de las circunstancias y la escolaridad, un estadio temporal que no caduca, lo expreso de acuerdo a mi experiencia dentro y fuera del aula. Ya luego la problemática actual y en torno a esta discusión, la globalización y el capitalismo nos circundarían erosionando la individualidad o la identidad de allí que quisiera sintetizar a los autores porque coinciden en apariencia.
No sé hasta qué punto, tal y como lo sugiere Tiramonti, se responda o surge una nueva duda ¿Desconocer al Estado, a la familia o a qué acudir? No sería como oponerse al sistema o desconocer el linaje, una vez más, repitiendo patrones sugeridos por Wallerstein, creo que acá se propone iniciar la búsqueda de la individualidad estable que luego contagie, lo que ella llama el nuevo “orden societal” (2005: 892) a través de la transmisión de cultura en el hogar, lo que tampoco me queda clara es la postura de la “libertad internalizada”, hasta aquí lo autores no dialogizan sobre el comportamiento individual. Si lo vemos desde la perspectiva del ecosistema, si un ser es extraído de su hábitat tiene varias posibilidades, con tendencia a la adaptación y la supervivencia, dudo que la visión de nuevos lenguajes producidos en las nuevas generaciones las de relevo anule o extermine la conciencia de la cultura acumulada.
Respecto al lenguaje (sociedad massmediática) si creo que existe un ritmo acorde con las necesidades planteadas para los nuevos epistemes, los escolares por ejemplo están creando o generando un nuevo código consonante, que aunque criticable es parte del cambio en la sociedad, de la transmisión de pensamiento y es novedosa tentada a que sea benéfica al porvenir de las culturas, de pronto resultarán como en la literatura mitemas (imaginarios) reconociéndose las identidades o desconociéndolas también mientras dialogan, no como lo propone Tiramoti con cierta perspectiva disonante para la aparición de formas espontáneas del conocimiento ¿dominados por el libro? Tal vez no, la síntesis de los nuevos medios de comunicación puede resultar una virtud. Ahora lo que puede ser cuestionable es la capacidad de discernimiento en los individuos de la etapa escolar.
Luego, no sé si compartir el enunciado “el fin de lo aprendido” según nuestro autor, de cualquier modo, las posibilidades de solución y cuestionamiento que nos deja son variadas para proponer la revisión del aprendizaje y la educación del porvenir. Los mecanismos existieron, las teorías se han escrito y las especulaciones continúan germinando y el tiempo avanzando y la evidencia es extensa e inminente, ahora debemos somatizar la ruptura, el fracaso de todos los sistemas, el razonamiento colectivo tiene por obligación crear el nuevo tiempo aún cuando exista ese algo “capitalismo” que nos cohesiona. Ansart cita a Bourdieu y lo llama “violencia simbólica”, luego Wallerstein citando a Freud “exceso peligroso”, Cuche citando dirá “efectos perversos”, por ultimo Berman “fuerza siniestra”. Como sea el caso que deseemos mencionar el enemigo es el poder y el dinero.
Ansart apuesta por “la independencia de la autoridad pedagógica frente al orden social” (1992: 173) en términos de la producción simbólica, por un momento subestimé esta frase, luego dirá que la pedagogía es una forma de violencia ¿será que lo aprendido es una forma de reconocimiento de ese capitalismo corrosivo? Las metáforas y lo simbólico, en tanto que subjetivo, no me queda claro en torno a estos autores, tal vez juzgo mal la premisa. Lo que sí considero conciliatorio entre estos autores y la idea de lo aprendido es que vamos hacia una identificación del nuevo orden. Los imaginarios y las metodologías se han ido transformando al menos para Latinoamérica, que es el caso que puedo ditinguir, así lo vemos en el planteamiento de líneas educativas que intentan excluir menos, adaptarse a los nuevos lenguajes, flexibilizar la evaluación, reducir periodos de estudio, etc., pero hasta qué punto será producente flexibilizar tanto ¿Es socialismo, es la transición o es el fin de lo aprendido?
En cuanto a la educación, siempre a partir de la lectura del segundo capítulo de la obra, retomaré lo que Wallerstein mencionaba como el buildung (2002: 106), o del funcionamiento de la racionalidad del hombre en sociedad, en representación de la educación moderna. Ésta se distingue por estar subordinada a la conciencia del liberalismo, discriminante por demás, donde las mayorías, en teoría, deberían incorporarse al proceso o sistema y si, en efecto, sucediera el resultado siempre beneficia a la figura del que participaba inicialmente del sistema haciéndolo heroico o civilizado (tal como lo define Douglas Bohórquez del buildungsroman en la crítica literaria a propósito del héroe), probablemente conmemore la noción de estados nacionales que resemantiza al individuo y al colectivo. Así, llegamos a término meritocracia donde las “minorías” se encuentran menos beneficiadas para la incorporación al proceso, aquí radica la discusión por la inclusión, no por falta de modales sino por el abolengo –heredado- y es cuando la política les confiere figura populista o de izquierda o los excluidos y se devienen las jerarquías (políticas o culturales) o la crítica para abolir la discriminación desde los personajes en la literatura.
Wallerstein recuerda, a propósito de esto, también, el término de multiculturalismo, donde conviven ambas tendencias (dominados y dominantes) y sugiere que no dejarán de existir las culturas (tradiciones, acervo, memoria, códigos) mientras circule la desigualdad social que podrá resolverse repensando la competencia del individuo, es una lucha interminable que además le da la bienvenida a los cambios, ya mundialmente y no en el microcosmos de una nación o una sociedad en la novela o la epopeya (recordemos que la Historia fue escrita por los vencedores, quizá también la epopeya), no podemos huir del canon. Decíamos que en la medida del otro nos reconoceremos, esta perspectiva sería considerable al desafío de nuevo socialismo, no excluir las influencias del mundo y sus cambios y racionalizarlos, este término nos recuerda a la noción de hibridación (la coexistencia).
En la novela moderna venezolana vemos algunas muestras de esta situación, por ejemplo en Los mártires de Fermín Toro: la desigualdad de bienes distribuidos en la sociedad desde la visión ético-religiosa, es denunciada por el autor que revisa la pobreza en una sociedad civilizada al tiempo que nace la república y la presencia del liberalismo desencadena el perfil deteriorado y excluyente desde 1840 y hasta el siglo XIX, donde coexistieron lo rural y lo moderno, sin anularse, retroalimentándose para nuestros efectos históricos. Hablamos de esos casi doscientos años que abarca Wallerstein desde la crítica eurocentrista y norteamericana. No por esto la sociedad venezolana ha dejado de ser creyente, menos culta o alienada por culturas extranjeras, los imaginarios han dialogado y la conciencia educativa ha represando la historia y actualmente experimenta un nuevo socialismo, hablamos de más de cincuenta años para que esto sucediera.
Luego en Ídolos Rotos y Sangre Patricia de Manuel Díaz Rodríguez y Hombre de Hierro de Rufino Blanco Fombona, respectivamente, que ponen de manifiesto al individuo humanista (letrado) asediado por las adversidades de ese incipiente sistema-mundo sin posibilidades de inserción en medio del estallido de la industrialización y el capitalismo. Estas situaciones no se resuelven hasta las alternativas y visiones propuestas por Wallerstein, al igual que lo plantea Cuche y Ansart, más estos personajes no verán los cambios, nosotros los vivimos ahora, se estima el nacionalismo en la escuela, el uso de internet, el intercambio estudiantil con países latinoamericanos, si ya no hablamos de globalización o aprovechamiento del nuevo episteme, entonces no sabría cómo llamarlo, pero definitivamente no atiende al capitalismo. Entiéndase que el héroe modernista de aquellas novelas se torna un sujeto en crisis (psicológica a la luz del caos), la misma que subyace en los estudios sociológicos, pero nuestra ventaja reside en la consideración de una integración en advenimiento de una nueva filosofía, ya no somos héroes modernos, sino de la transición.
Para Cuche, en su revisión a Michael de Certeau, coincidirá por ejemplo (1996: 91) en el tema de las jerarquías, y a propósito de los personajes de las novelas mencionadas, en las que éstas representarían a las culturas de oposición (las minorías), tomando en cuenta que éstos son individuos cultos, herederos de la tierra productora, con buenos modales, viajes a Europa, cercanos al folklore, afectados por el entorno (el amor, la existencia, la religión, la política) con posibilidades de inserción en el sistema dado el nivel de educación, pero fracasan por la fuerza opuesta que imprime el liberalismo o pensamiento positivista de principios de siglo xx.
Es evidente que la cultura popular no desapareció, siempre echamos mano de ella, aun cuando nos hallemos alienados o bombardeados por el mecanismo capitalista, digamos que tenemos nuevos códigos para transformarlos, el proceso de reconocimiento se hace papable, así como en aquellos personajes de las novelas la circunstancia no reconoció la época siguiente y luego evocamos su contexto para estudiarlo, así estamos generando nosotros un nuevo contexto. En tanto que la recepción es poderosa en vez de criticar en detrimento, deberíamos hacer uso de ella para la educación y la escolarización, lo que de hecho ya ha sido puesto en práctica para otras formas buenas o malas como el adoctrinamiento ¿por qué no usarlo a favor? Por fortuna, los medios de comunicación en masa o massmediáticos se han repensado sobre la plataforma educativa.
Para encarar la propuesta de la condición social del hombre actual, en medio de las transiciones políticas, culturales y económicas de la historia hasta el siglo xix, la revisión finalmente, resulta expectante, apenas comenzamos a repensar el conocimiento y sus formas de expansión. Definitivamente somos civilizados, sentimos la necesidad de un cambio y vamos hacia una ruptura. Ahora bien, el sistema-mundo aun cuando no nos ha excluido o no espera insertarnos contra él es que podemos luchar o abolir, no estamos pasivos esperando a que la situación cambie. En cuanto a la dialogización de los autores planteados las posibles cuestiones adversas son personales, tuve la impresión de que éstos llegan a acuerdos sincréticos y están claros en la expectativa del futuro.
Bibliografía
ansart, Pierre (1992). Las sociologías contemporáneas. Amorrotur. Buenos Aires
cuche, Denyse (1996). La noción de cultura en las ciencias sociales. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires
tiramonti, Guillermina (2005). “La escuela en la encrucijada del cambio epocal” en: Educ. Soc., Campinas, vol. 26, n. 92 pp. 889-901. Especial-Out. Disponible en: URL: (http://www.cedes.unicamp.br)
wallerstein, Immanuel (2002). Conocer el mundo, saber el mundo: El fin de lo aprendido. Una ciencia social para el siglo XXI. Siglo XXI. Buenos Aires
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