El desayuno desde lejos hasta casa

*Mis lágrimas caen sobre el café de esta mañana*,
el desayuno pasa áspero y grueso con este nudo,
esto sucede casi todas las amanecidas en silencio
mientras una plegaria pide perdones por quien ni
alimentos, medicamentos o sosiego se encuentra.
El desayuno, el primer alimento del cuerpo y alma.

Habrá lugares entre escombros con niños solos, o
infancias sin progenitores, huérfanos de casi todo
y algún idiota sólo lamenta sus zapatos mojados,
por lluvia cual si fuera castigo divino. Mientras hay
pequeños solos, sin zapatos, hogar o cierto destino.
Afuera de tu abulia hay guerra, pobres y heridos.

De la gran diferencia entre las tragedias y dramas
¿Se puede distinguir entre una guerra y la calma?
La tensa calma de países con estruendos de vicio
que una bomba retumba lo que a una boca callada
por la violencia de estado, políticas y malas ganas.

Habrá quien pase en la habitación días deprimido,
infancias debajo de las ruinas de su casa o edificio
agarrados de un juguete o de sus hermanitos, pero
¿Qué hace un adulto en guerra o tensa calma si…?
No se puede contener a sí mismo, ni a las lágrimas.
La desesperación te ahorca y Dios te da imprecisa.

Están niños y adultos bajo sus hamacas, allí debajo
suerte de camas con hambre, soledad y fea penuria,
sentados a la mesa inertes pensando cómo aparece
un banquete de paz, historias de nuestros abuelitos
cuando la patria era felicidad, fuimos niños sin ira,
sin esta miseria, el miedo, las psicosis y los delitos.

Esta mañana lloro copiosamente haciendo del café
un mito, salado y ateo, contemplando las oraciones
de fe ajena. Desconocidos míos se han hermanado
y de lejos sueñan la valentía crecida con canciones
para que la única guerra conocida haya terminado
rescate un buen desayuno pal’alma sobre mi patria. Fe.

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